Kerogoal

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martes, 9 de diciembre de 2014

Kuala Lumpur, otra ciudad que nunca duerme

Ésta suele ser mi primera parada cada vez que viajo al sudeste asiático un poco por obligación, porque es el centro neurálgico por el que pasan todos los vuelos que conectan los países asiáticos. Está totalmente fuera del rollo y objetivos de mis viajes, pero ya que estoy por allí hay que aprovechar la ocasión y sacar las fotos que más merecen la pena...


Kuala Lumpur es una de las ciudades referencia del sudeste asiático, con gran poder adquisitivo, mucha ostentación, una cultura del consumismo exagerada, el típico tráfico caótico de cualquier ciudad de Asia y una gran mezcla de culturas. A mi personalmente es una ciudad que me agobia, no me gusta, me siento con poca libertad de movimiento, dependes del taxi para casi todo aunque hay varios trenes y un tren aéreo magnético. También he de decir que los taxis son muy baratos, suelen ponerte taxímetro, cosa que no se ve en ciudades como Bangkok... El clima es muy muy agobiante, todo el año con un calor insoportable por la gran cantidad de humedad que se acumula junto con la contaminación atmosférica, lo que provoca que casi todos los días caiga alguna tormenta, y si no cae ya se encargan ellos de provocar lo que llaman "lluvia falsa".


El aeropuerto es algo digno de imitar, con 2 terminales (KLIA1 y KLIA2) comunicadas por sendas líneas de tren: una propia que sólo va de una a otra, y otra que además de unir la 2 con la 1, luego continúa hasta la ciudad llegando a la estación KL Sentral en unos 35 minutos. Debo remarcar que ambas terminales disponen de wifi gratis y como un millón de tiendas y restaurantes de todo tipo, lo que se agradece porque en la largas escalas no te aburres... comes, ojeas tiendas, te conectas a internet... a veces hasta se te hace corto!En cuanto al turismo en la ciudad, sólo destaco 3 cosas: las torres Petronas y su parque (lo que llaman KLCC), la cueva de Batu (Batu cave) y shopping. Tienes shopping para aburrir... hay tantos centros comerciales lujosos y enormes como chicles pegados y resecos en las baldosas de tu ciudad. Cualquier excusa es buena para montar un shopping mall, y son un espectáculo en navidades porque a pesar de ser un país de mayoría musulmán, no escatiman en gastos a la hora de montar la ornamentación típica navideña, con gigantescos árboles y mil muñecos y demás.



Las torres Petronas son la joya de KL y lo saben, por eso es la zona más cuidada de la ciudad, su seña de identidad. La entrada para acceder al puente que une una con otra vale unos 20€, yo no subí porque no considero que lo valga. Debajo de las torres, como no, hay un gran centro comercial, y un parque enorme con una fuente cibernética en un laguito que hace secuencias de chorros, sobre todo a la noche cuando van al ritmo de la música y lo acompañan de un juego de luces de color. También hay una pista de 1.300m de longitud que rodea el parque para la gente que le apetezca correr, y una zona de recreo infantil inmensa, con una zona de columpios toda forrada de corcho de colores que parece el sueño de cualquier niño y una especie de piscinilla/estanque.



Una de las noches me pegué el lujazo de cenar en el Skybar del Traders Hotel, ese que se ve justo detrás de la fuente en foto anterior. Está en lo más alto del edificio, en un piso 33, y justo enfrente de las torres Petronas. Tiene una piscina interior, decorada con luces de colores y unos sofás en la zona de los ventanales. El sitio no es más caro que cualquier restaurante de España, es más, en España un sitio así te saldría por un ojo de la cara. Aquí sólo pagué 33€ por un hamburguesón con de todo y patatas fritas, otro platazo hondo de patatas fritas en forma rara con queso fundido y salsas, un Martini con no se qué y una cocktail de frutas. Nada caro más si cabe con las increíbles vistas que teníamos. Juzgad por vosotros mismos...



La otra atracción turística a destacar es la cueva de Batu, en la parte periférica de la ciudad. Se trata de una enorme cueva dentro de una montaña de roca a la que se accede subiendo unas interminables, estrechas e inclinadísimas escaleras gobernadas desde abajo por una impresonante estatua dorada del dios hindú Shiva. Es por tanto un templo hinduísta, al que un día concreto al año, los miles de fieles de la gran colonia de emigrantes hindús, hacen una peregrinación desde sus casas en la ciudad en una gran fiesta con música típica en la que llevan flores y diversas ofrendas a los dioses. Dentro de la cueva hay un gran espacio rodeado de diversas estatuas y al final hay otro espacio más pequeño con una abertura natural arriba, es decir, sin techo, es como si fuera un gran agujero dentro de la montaña, en el que construyeron un par de templetes.




Como anécdota, el día que fui yo durante una semana santa en un viaje anterior, era mi último día ya que me volvía a España esa misma tarde/noche, y a pesar de que una amiga que cree en esto de las magias y hechizos me dijo que no debería ir por la negatividad que se acumula en ese lugar donde los hindús acuden a "limpiarse" de todo lo malo, yo, como no, con lo cabezón que soy, me empeñé porque no me podía marchar sin ver eso. Pues bien, según entré en la cueva se desató de la nada una gran tormenta y comenzó a llover como si no hubiera un mañana. Estuve muchísimo tiempo esperando dentro a que amainara pero nada. Tuve finalmente que comprar un paragüas dentro en un puesto y bajar corriendo por las escaleras que se habían convertido en una cascada y abajo estaba todo inundado con una altura del agua de unos 20cm. Os podéis imaginar la calada que pillé y como quedarían las playeras. No sólo esto, sino que además al ir al coche nos cayó una ramificación de un rayo en la punta del paragüas y aún no se cómo no nos pasó nada. Por supuesto al notar la vibración de la descaraga lo tiramos al suelo y ahí se quedó para siempre...


Tuve que deshacer la maleta de nuevo al llegar a casa para cambiarme de ropa, meter la ropa y calzado encharcados dentro e ir corriendo al aeropuerto. Según llegué tuve el presentimiento de que algo no muy bueno iba a pasar con mi vuelo, vi en mi mente esa maldita palabra "Delayed" junto al número de mi vuelo, y así fue, no sólo estaba en mi mente sino que también estaba ahí, en la pantalla esperándome. El vuelo se retrasó 7 horas por algún problema y salí a la mañana en vez de a la noche, perdí la escala de Estambúl y para colmo no había más vuelos directos a Bilbao y tuve que esperar otro día entero para ser realojado en un vuelo. Total, que me salió cara la broma de la visita a la cuevita... Me he prometido a mi mismo que jamás volveré a visitarla...


Bueno, fuera de todo esto... aquí he pasado los primeros 4 días de mi pequeña aventura asiática de 3 meses, y ahora queda por venir lo mejor!!

lunes, 22 de septiembre de 2014

Ascensión nocturna a la cima del monte Anboto (Bizkaia)

El Anboto es uno de los montes más relevantes del País Vasco, y para mi el más bonito, con sus 1.331m de altura, el más alto de los montes del Duranguesado. Está situado en el Parque Natural de Urkiola y a la sierra se le conoce como "la pequeña Suiza" por su inmensa formación de crestas de roca caliza de color gris claro. Esta sierra está en su mayor parte en Bizkaia y en otra pequeña parte en Araba.


Por la cara este, la mitología vasca sitúa la morada de la Dama de Anboto, Mari, en una cueva con una boca muy amplia en altura que accede a una sala bien iluminada por una especie de ventana que da hacia el acantilado.

Nuestra ascensión la hacemos por la zona más popular y fácil, por la cara sur, iniciando el camino sobre las 4:00 am desde el párking junto al Santuario de Urkiola, a unos 700m de altitud. Son 5 km de marcha que se realizan entre 1 hora y media y 2 horas, dependiendo del ritmo de paso. Al ser de noche decidimos ir por la pista que discurre por la derecha en lugar de subir por las laderas de los montes que hay de camino, ya que hay menos posibilidades de equivocarse de camino con la única luz de la linterna frontal. Pero para quien prefiera disfrutar un poco más pongo a continuación la ruta por las laderas, más duritas también por las pendientes de subida y bajada, que salvamos por el camino ya que es más llano.


Tras unos 3 km de marcha y unos 45 minutos, llegamos a un valle con una bajada hacia un riachuelo. Al otro lado de éste y subiendo un poco encontramos la famosa fuente del manantial de hierro. Si echáis un trago sabréis por qué la llaman así... Seguimos la pista de antes, subiendo y pasando junto a un antiguo depósito de agua y un caserío o refugio. Una vez pasado éste veremos un desvío hacia la derecha para bajar a Otxandio por otra pista y un senderito que sigue de frente subiendo por un montículo para luego volver a bajar a las faldas del Anboto. Cogemos este sendero entre la inquietante mirada de varios ojos amarillentos que parecen suspendidos en el aire (los de las vacas y caballos que pastan día y noche en este caso...) y tras 1 km andando desde el valle anteriormente mencionado nos encontramos una señal que nos indica hacia la izquierda 0,9km hasta la cima del Anboto.


Siguiendo esta dirección pasamos por debajo de una arboleda que discurre por la zona central de la pared rocosa hasta arriba. Antes de acabar dicha arboleda por debajo empezamos a trepar por una especie de ruta marcada con pequeños monolitos montados con cúmulos de piedras y pintadas rojas y blancas en grandes rocas. Sólo hay que seguir las marcas hasta arriba del todo. Una vez arriba en la cresta, y cómo íbamos muy sobrados de tiempo (eran apenas las 5:30 am), decidimos parar a descansar y desayunar algo. Oímos una especie de batir de alas que pasaba cada vez más frecuentemente rondando nuestras cabezas, y comprobamos que era un murciélago, probablemente saldría de alguna cueva de la zona.

A las 5:45 retomamos la marcha, que ya sólo era crestear hacia la derecha hasta ver un pico que debíamos subir y que tal vez sea la parte más complicada o peliaguda de la ascensión, ya que debemos subirlo por la cara sur pegados a la pared y con cuidado de no resbalar y caer por los precipicios... Aquí me encontré con mi mayor sorpresa al ir a posar la mano sobre una piedra que me pareció rara, algo me dijo que no apoyara la mano ahí, así que me detuve antes y la miré con detenimiento enfocandola con la linterna frontal y comprobando que efectívamente no era una piedra, sino un sapo!! aún me pregunto que haría un sapo allí arriba... Una vez pasada esta zona ya sólo nos quedaba subir un pelín más mientras cresteabamos y esquivábamos cabras y ovejas hasta llegar a las 6:15 am al pico del Anboto, en el que encontramos un buzón con forma de hacha... Ya estábamos en la cima y nos quedaban 2 horas para el amanecer, así que lo mejor era refugiarse del viento que suele pegar allí arriba poniéndonos del lado contrario de la cresta mientras disfrutábamos del magnífico cielo estrellado que nunca podemos ver en la ciudad con tanta contaminación lumínica, y ya de paso echamos alguna foto, de las que destaco esta impresionante vista del pueblo de Durango y sus luces...


Sobre las 8 de la mañana comenzó a amanecer, unos buitres fueron acercándose desde las crestas del fondo hasta apenas 5 metros sobre nosotros y empezamos la batería de fotos increíbles, que tras mucho meditar y seleccionar, me quedo con ésta:


También he subido para ver el atardecer y bajar de noche, aunque las instantáneas que saqué no fueron tan impresionantes, pero alguna foto pude rescatar por las formaciones curiosas de los rayos de luz del sol entre las nubes al iluminar los valles de alrededor antes de caer el sol.